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¡Mi primer libro ya es una realidad! Un poemario donde hago un viaje hacia mi interior para encontrarme con estos versos. En él, vais a encontraros una primera parte donde recopilo poemas de desamor ordenados cronológicamente, una segunda parte donde la prosa poética, los microcuentos y los relatos son los protagonistas y una tercera parte que cierra el libro enfocada al amor. Cosas que se quedaron sin decir, cosas que nunca pude contar, sentimientos encontrados, una lucha entre mente y corazón. En cierto modo, todo lo que nunca dije.

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Correo

Por más que miro el buzón ya no me llegan cartas,

y es que tú, eras mi única correspondencia.

Abstenerse

Y vuelves de repente,

como acostumbras,

con la sonrisa puesta

de aquel primer día.

Yo, intento hacerme el loco

y tú, el que está cuerdo,

pero ambos sabemos

que no llegará a buen puerto.

Mejor nos dejamos para otros cuerpos,

aunque los nuestros pidan a gritos

un nuevo reencuentro.

La rosa

Últimamente mi vida era bastante monótona, era como vivir en una ciudad fantasma, pero rodeado de ruido y de gente. Cuando de pronto un día, le conocí a él. Se llamaba Carlos, y era un niño de 5 años. Fue en un pícnic que organizaban unos amigos cada primer domingo de primavera, no fue hasta ya entrada la tarde cuando nos conocimos, yo no paraba de revisar mi móvil, como siempre, no estaba presente. Hasta que Carlos vino hacia mí y empezamos a hablar:

—Hola, ¿qué haces? ¿estás trabajando?—preguntó Carlos.

—No, hoy es domingo. —dije extrañado.

—Mi papá siempre está trabajando con el móvil, como tú, ¿quieres jugar?

No me dio tiempo a reaccionar, así que mi respuesta fue un sí rotundo.

—Ven.

Me cogió de la mano y me llevó donde estaban floreciendo las flores, me nombró a cada una por su nombre, y cuando llegamos a la rosa, me dijo;

—Mira, huele esta.

Me incliné, olí el rosal, y empezaron a correr por mi mente momentos de mi vida y personas que ya no estaban presentes, como mi madre, y sin querer, se me saltaron las lágrimas. Alcé la mirada y Carlos se había ido, ahora, parecía estar en un lugar diferente, oía nítidamente el cantar de los pájaros y veía la luz del atardecer reflejada en el río como pequeños diamantes.

Me quedé unos minutos observando mi alrededor y me di cuenta, me estaba perdiendo el ahora. Inspiré profundamente, fui a buscar a sus padres y les di las gracias.

Aunque ellos no lo entendieron.

La risa

La gente de alrededor sonaba como un leve murmullo en aquel soleado parque, y el canto de una golondrina hizo que cerrara mis ojos por un momento, cuando de pronto, oí una carcajada que me hizo sonreír, abrí los ojos, la busqué pero no había manera de encontrarla, quería saber de quién provenía, porque ¿Te puedes enamorar de una risa y posteriormente casarte con su ejecutante?